A las 12.30 del 28 de abril España y Portugal sufrieron un
apagón masivo que afectó a 55 millones de personas. El problema tardó
varias horas en
solucionarse por el
temido "black start". El
desigual impacto fue enorme
en el transporte,
las comunicaciones o
las empresas, aunque muchos ciudadanos decidieron que lo mejor que podían hacer era
relajarse, bajar a la calle
a divertirse o rescatar un aparato a menudo olvidado:
la radio. Hubo otros productos del s. XX que acudieron al rescate, como
las pilas que
los "preppers" llevaban tiempo recomendando meter en la mochila de emergencia. Por supuesto que '
Los Simpson' lo predijeron.
Pero la cuestión fundamental sigue siendo, simplemente, qué pasó y cuáles fueron las razones del apagón. Pronto surgieron teorías de todo tipo sobre las causas, incluido un
potencial ciberataque que
se descartó pronto. Los datos iban llegando y por ejemplo supimos que España perdió el 60% de toda su energía
en cinco segundos.
Los expertos comenzaron a hablar de las posibles causas, pero a estas alturas seguimos sin saber cuál pudo ser el detonante del desastre. Se ha hablado mucho del potencial
rol de las renovables y de sus desventajas a la hora de ofrecer un suministro consistente, pero el apagón también ha reabierto el importante debate sobre el papel de las
centrales nucleares en el mix energético español.
Sin certezas, los análisis continuaron y han mostrado que la red eléctrica española tiene varios
puntos débiles y que su
interconexión con Europa tiene mucho margen de mejora. Somos una "isla energética", y ese es precisamente uno de los muchos aprendizajes que podemos sacar del desastre del 28 de abril. El Gobierno
sigue sin dar respuestas y se prevé que
tarde en hacerlo, pero mientras todos
nos preguntamos cómo conseguir que este sea el
último gran apagón que suframos.
Frente a todas esas teorías, hay
un sospechoso número uno para explicar el apagón total de España: una estabilización deficiente de la red eléctrica. Lo último que tenemos es una
anatomía del colapso que nos ha descubierto que no hubo dos eventos encadenados que llevaron al apagón, sino tres. El problema no es saberlo: es que eso complica aún más la investigación.
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